De “Young Expert” a investigadora: mi trayectoria en Youth-GEMs
Era el otoño del año 2023. Tras la crisis del COVID-19, la salud mental ya había empezado a estar más presente en el imaginario colectivo; sin embargo, no consideraba del todo justa la idea de que la responsabilidad de cuidarla (así como los detonantes de su malestar) recayera exclusivamente en el plano individual.
Con esta idea en mente decidí unirme a la asociación madrileña Generación Kintsugi, un hub de personas que buscan soluciones colectivas a los retos de salud mental con foco en la juventud. Nos reuníamos con frecuencia en las cafeterías de Madrid y, en uno de esos encuentros, Irene Pujol, su fundadora, comentó que hacía un año que distintas universidades europeas se habían puesto de acuerdo para desarrollar un proyecto muy prometedor con el objetivo de traer un poco más de claridad a cuáles son los factores determinantes que influyen en el desarrollo de problemas de salud mental.
También nos comentó que el enfoque del proyecto era particularmente innovador, no solo por el contenido de la investigación sino por su metodología, pues estaban buscando a jóvenes con experiencia vivida con quienes co-diseñar la investigación. Me pareció una oportunidad fascinante y, nada más llegar a casa tras la quedada, escribí un correo para participar.
El proceso de selección fue relativamente sencillo y, tras un par de entrevistas, acudí a los llamados Sciences Cafes, los encuentros online que reunían a jóvenes y a investigadores del proyecto. Recuerdo con especial entusiasmo esas primeras reuniones, pues me parecía un tremendo acierto incluir la voz de aquellos sobre quienes se investiga. Pero, además, me sentía profundamente afortunada de poder ver desde dentro los entresijos de un proyecto de investigación de gran escala, así como de poder escuchar de cerca y dialogar con grandes expertos. Ser testigo de su voluntad de hacernos formar parte fue, sin duda, un regalo.
Uno de los momentos que guardo con especial cariño (y que probablemente haya sido el vector que me haya traído hasta aquí) fue una reunión que mantuve con la investigadora Mariël Kanne, especialista en ética, quien fue especialmente amable y receptiva a las reflexiones e ideas que surgieron durante la conversación.
Hoy, dos años más tarde, tengo la gran suerte de poder formar parte del proyecto desde el otro lado, como investigadora de doctorado. Junto con una de mis supervisoras, Dorothee Horstkötter (cuya investigación admiro), realizamos el análisis ético de los relatos que reflejan las experiencias de salud (o enfermedad) mental, así como de la atención sanitaria recibida por jóvenes en Europa.
Si bien a veces se confunde el análisis ético presente en la investigación (al que dedico gran parte de mi tiempo como investigadora) con las aprobaciones éticas necesarias para llevarla a cabo, cabe destacar que se trata de dos maneras distintas de aproximarnos a las consideraciones éticas. Y, si os interesa indagar un poco más a fondo en qué consiste un análisis ético, os recomiendo encarecidamente la lectura del paper Self-control enhancement in children: Ethical and conceptual aspects[1],, que publicó Dorothee unos años atrás.
Hace solo unos meses que empecé mi doctorado, pero si algo he aprendido estos años en mi rol como asesor juvenil del proyecto Youth-GEMs, y que quiero tener presente cada día como investigadora, es la importancia de poner la experiencia subjetiva del paciente en el centro, siguiendo el llamado modelo centrado en la persona.
Una vez escuché decir a Jorge Freire, un escritor español, que los filósofos somos filólogos frustrados, y creo que tenía algo de razón, ya que procuro siempre indagar en la etimología de las palabras para articular mis reflexiones. La de la palabra paciente me parece especialmente reveladora. Paciente proviene del latín patiens, patientis, que es el participio presente del verbo pati (sufrir, padecer, soportar).
La palabra paciente alude, por tanto, al sufrimiento de una persona que requiere paciencia, cuidados y acompañamiento para poder seguir siendo agente de su vida. Y, con la prudencia y el respeto que otorga la mirada fenomenológica (configurada en la lectura de figuras fundamentales como Karl Jaspers), con mi trabajo quisiera contribuir a trazar un sendero de luz para todos esos jóvenes pacientes y recordarles que no están solos, que la ciencia, la investigación, la filosofía y todas las personas que la hacen posible están a su servicio y les acompañan.
[1] Horstkötter, D. (2019). Self-Control Enhancement in Children: Ethical and Conceptual Aspects. In Shaping Children: Ethical and Social Questions that Arise when Enhancing the Young (pp. 25-41). Cham: Springer International Publishing.
Raquel López García | Doctoranda
Departamento de Salud, Ética y Sociedad
Facultad de Medicina, Salud y Ciencias de la Vida
Universidad de Maastricht